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Unión de Selvicultores del Sur de Europa

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Especialistas analizan en el curso de verano de la UIK las nuevas dimensiones de los incendios forestales y cómo hacerles frente

14 / 10 / 2026

El verano de 2025 marcó un récord sin precedentes en Europa: los incendios calcinaron más de un millón de hectáreas en la Unión Europea, la mayor superficie desde que existen registros, y cerca de la mitad de esa cifra se concentró en España y Portugal. Lejos de ser un episodio aislado, 2026 ha confirmado la tendencia: según los datos provisionales del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), a finales de julio España ya había multiplicado por cinco la superficie quemada respecto al mismo periodo del año anterior, y el conjunto del verano ha vuelto a superar con creces la media de las dos últimas décadas. Las olas de calor y las sequías prolongadas, cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático, están dando lugar a incendios más rápidos, intensos y difíciles de controlar.

Ningún territorio puede considerarse a salvo, tampoco el nuestro. Con esa premisa, la edición de este año del curso de verano de la UIK que organizamos junto a Basoa Fundazioa en Donostia-San Sebastián el pasado 15 de septiembre, especialistas en diferentes campos analizaron el comportamiento cambiante del fuego, con especial atención al a la prevención y la extinción.

Las olas de calor y las sequías prolongadas, cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático, están dando lugar a incendios más rápidos, intensos y difíciles de controlar.

El curso, presentado por la gerente de la USSE, Leire Salaberria, y Aitor Onaindia, director técnico de Basoa Fundazioa, consistió en cuatro ponencias y una mesa redonda.

Virginia Carracedo, geóloga y doctora en la Universidad de Cantabria, destacó en su intervención la importancia de “poner sobre la mesa que con unos territorios y unos climas cambiantes que provocan situaciones diversas, los grandes incendios también pueden llegar a ocurrir en el País Vasco. Nadie está libre de una catástrofe, por lo que es necesario mantener el dialogo a lo largo de todo el año, no solo cuando aparecen los incendios”.

Fernando Azurmendi, técnico forestal de la Asociación de Forestalistas de Bizkaia y Confederación de Forestalistas del País Vasco, habló sobre “Gestión preventiva y planificación en al ámbito rural”. En su opinión, la situación en torno a los incendios está cambiando, ya que “siempre se han tratado como una emergencia forestal, pero tras los últimos eventos que han ocurrido a nivel estatal, hay un componente de emergencia de protección civil y de tener en cuenta las vidas de las personas y las diferentes actividades que podamos realizar”.

En opinión de Aitor Omar, jefe de Montes de la Diputación Foral de Bizkaia, “tenemos un peligro importante de incendios forestales, aunque nuestro riesgo es relativamente bajo. Sin embargo, tenemos que estar entrenados y formados para atender cualquier incendio. Habrá años en los que las condiciones meteorológicas serán más complejas. Los récords de altas temperaturas, así como el estrés hídrico en las masas forestales es evidente; ello supone una disponibilidad de combustible que en situaciones adversas va a mover el incendio con más rapidez e intensidad. Las estrategias pasan por tener un dispositivo fiable y permanente 7-24-365. Por cada euro que invertimos en extinción invertimos más de 12 en gestión forestal sostenible. 

Otro los protagonistas del curso fue Raúl Vicente (MITECO a través de TRAGSA), técnico de Brigada de Refuerzo de Incendios Forestales, que trasladó su experiencia de 22 años como bombero forestal. Para él, “a nivel general, hace falta una selvicultura adaptada a la situación actual; no solo en cuanto a gestión pública, sino también dinamismo en el medio rural. Ello provoca un contexto de complicación de los incendios del siglo XXI”.  En su opinión, “hay que ayudar a los pequeños municipios desde un trabajo plural de las administraciones”.

Respecto al panorama en Euskadi, recalcó la importancia de “mantener el paisaje mosaico y que el pastoril se alterne con la parte de selvicultura forestal. Es necesario mezclar el paisaje mosaico con zonas de oportunidad que permitan trabajar a los bomberos”.

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